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sábado, 28 de julio de 2012

Presentaciones y por menores



Mi nombre es Catalina, tengo 25 años, soy docente de secundario, y actualmente formándome como futura investigadora. Me apasiona la historia como herramienta de cambio, creo en la bondad y potencialidad del ser humano. No puedo explicar los males del mundo, pero me perturban, y en tanto ser social creo que los hombres construyen, destruyen y reconstruyen en tanto pueden actuar como grupo, en cuando toman conciencia y establecen lazos.

Nací, crecí, vivo y trabajo en José C. Paz, uno de los partidos más empobrecidos del conurbano bonaerense. Tuve y tengo posibilidades educativas que muchos de mis contemporáneos no tienen y trabajo día a día con esfuerzo para que esas diferencias se reduzcan. El aula es mi trinchera favorita, me divierte etiquetarme un día de “marxista” otro de “kirchnerista” y otro de “anticapitalista” sólo para molestar a mis alumnos y que se esfuercen por entender y adquirir saberes con los que puedan confrontarme, generando debates que creo potencian la agencia adolescente y les permiten mirar el mundo desde un prisma, ampliando ese mundo que a veces se reduce a lo que tienen y lo que creen nunca podrán tener.

Soy vegetariana, hija de la violencia patriarcal, feminista por ende, psicoanalizada, histriónica, temperamental, sanguínea, sincera, hermana de todos, humana. Todos los días descubro etiquetes nuevas que se reformulan o se especifican, las odio a todas por igual. Las etiquetas nos separan antes de permitirnos conocernos. Es la idea capitalista del cliché y el anti cliché, de ser especiales a partir de la diferencia y del no permitirse ser igual al otro, el divide y reinarás.

Tuve un abuelo, que se fue muy rápido, que decía no saber de dónde eran sus padres. Soy hija de él: cantor de tango, peronista, autodidacta, biblioteca inmensa.  Mi abuelo parió hijos que tiraron a la basura sus libros, yo me quedé con uno y me considero hija de él, por decisión.

Soy Argentina, soy latinoamericana, soy mujer, soy negrita y de provincia, soy todas esas cosas juntas, igual a un montón, en la misma que muchos, buscando permanentemente compañeros de lucha, temiendo llegar a los 30 porque dicen que… por suerte muchos miles me demuestran lo contrario.



(fan de spinetta, de cortazar, lloro con los libros de historia, adoro ser alumna, juego a ser fotógrafa, amo a mis amigos, mascotas vivas y muertas, y tengo el novio más perfecto para mi. Quiero ser un buen legado algún día, y que cuando me muera la gente baile kusturica y tome fernet con coca)



El tiempo ahora




Así como Borges nos presenta en su cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan” a un antepasado que no creía en un tiempo uniforme o absoluto, sino en diferentes formas de tiempo que se traducen en pasados paralelos y presentes divergentes , los participantes de este blog creemos que como sujetos históricos, a nuestro modo no homogéneo, tenemos en las manos la posibilidad de formar memorias del presente que vivimos, contar nuestras experiencias o puntos de vista para contribuir a que el futuro tenga menos vías muertas, menos presentes pasados sin tener en cuenta.

Contar historias es también construir memoria. La memoria, como explica mejor W. Benjamin, salta, fragmenta y monta, genera una imagen de un espacio-tiempo, y las múltiples posibilidades que tiene el presente se sintetizan en una lucha de poder para construir una historia que atraviese el futuro que día a día vivimos como presente. Bajo la propuesta de este espacio de diálogo pretendemos generar un intento de futuro convergente, que a diferencia de lo que actualmente podemos observar en los grandes medios de comunicación oligopólicos como un un intento de dividir al colectivo social, nosotros al igual que muchos otros lejanos al poder económico, creemos en un futuro más equitativo y justo, donde además de ser una sociedad de derecho podamos serlo de justicia social. Y, aunque el término que utilizo sea más bien una consideración personal, construir una “trinchera” más contra la cultura hegemónica excluyente que cimenta una identidad a partir de lo que se supone “debemos ser” y no de lo que somos, borrando todo vestigio de particularidad.

La pretensión, quizás utópica,  es intervenir en el mundo y en este momento, en tocar la fibra del nervio revolucionario que está latente en cada uno de nosotros, en maximizar las potencialidades que emergen del ser humano, del amor al otro, de la amistad. Acá, hoy, nuestras armas son nuestras experiencias, que son  tanto convicciones como puntos de vista… que como un prisma se plasman de diversas formas y colores.





"Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador"

(Proverbio Africano)